M. CERVANTES Y EL QUIJOTE

Por Policarpo Martín Sanz   

 

El Quijote es un libro que según Astrana Marín, - gran cervantista - en el siglo XVII fue saludado con una carcajada, en el XVIII con una sonrisa y en el XIX con una lágrima. Escapándose siempre su profunda comprensión. Esta dividido en dos partes, la primera compuesta de 52 capítulos, apareció en Madrid en Enero de 1605 y la segunda salió a la luz en Octubre de1615, también en Madrid, habiendo aparecido entre tanto el falso Quijote de Avellaneda.   

Para conocer el espíritu que se cierne en torno a El Quijote, se hace imprescindible saber algo de su autor “Cervantes”. Todo el mundo está de acuerdo en que Cervantes sabía mucho, que el nivel de conocimientos universales que tiene se ve, cuando uno empieza a leer El Quijote ya desde las primeras páginas, y que el espíritu de la antigüedad había penetrado en lo más hondo de su alma en lo referente al conocimiento de esa rica sabiduría contenida en la literatura clásica. Pero en el aspecto religioso las opiniones se han dividido, quizás tal vez, por la incapacidad de los seres humanos para ver la realidad que palpita tras las aparentes formas del mundo físico. Grandes cervantistas como Tamayo de Vargas le llamó “ingenio lego” y José María Sarbilo le calificó de “teólogo”.

  Cuando Cervantes trata el tema religioso ¿es sincero? Ha habido infinidad de criterios: Ortega y Gasset y luego Américo Castro, fueron los primeros que hablaron de la hipocresía de Cervantes, sobre todo Américo Castro. Dijeron: Cuando Cervantes trata en el Quijote el tema religioso, Cervantes es un hipócrita, y esta opinión de estos dos grandes hispanistas, se divulgó por el extranjero. Paul Hazard en su, Estudio y análisis de Don Quijote de Cervantes, sigue la línea de que Cervantes era un hipócrita. Américo Castro, llegó a escribir estas palabras: Cervantes es un hábil hipócrita y ha de ser leído e interpretado con suma reserva en asuntos que afecten a la religión y a la moral oficiales. Astrana Marín, desmiente el tema y lo cierra con estas palabras: “Ni en su vida ni en su obra se descubre la menor hipocresía de Cervantes”. Últimamente ha sido acusado de homosexual en un libro de Arrabar (Meridense residente en Paris) También se habla mucho del judaísmo de Cervantes. Leandro Rodríguez publicó en Santander en 1978 un libro con un extraño título: Don Miguel, judío de Cervantes. La tesis del señor Rodríguez es que Cervantes era judío y conocía muy bien las Escrituras judías del Antiguo Testamento y dice en este libro: En su manera de hablar y actuar, Don Quijote es la encarnación del pensamiento bíblico. 

¿Por qué tantos y dispares pareceres? La respuesta es sencilla: porque todos los juicios y valoraciones del mundo de la temporalidad viéndolos a través de nuestros limitados cinco sentidos, nos presentan un aspecto siempre distorsionado de la realidad que es, que siempre ha sido y que siempre será. Es como si varias garrapatas dispersas en un elefante, hicieran juicios de este animal. Cada una de ellas según lo doctas que sean, harán una exposición más o menos grandilocuente, bajo la panorámica de la situación en que se encuentran. “Pareceres”, siempre muy lejos aún en el mejor de los casos, de la realidad que es. 

Escudriñar en la extensa y profunda obra de Cervantes sin ojos ávidos por vislumbrar la realidad del centro invisible, es perderse y enredarse en las sombras de los infinitos puntos de la circunferencia. Es claramente revelador el propósito confesado por el autor al escribir el libro: “Deshacer la autoridad y cabida, que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballería”. 

Sabido es, que en aquella época abundaban las órdenes de caballería con carácter religioso y militar, entre las que podemos citar: La del Temple, Calatrava, San Juan, Alcántara, Santiago, Montesa, Malta, Rodas, Teutónicos, etc. y que eran las portadoras de la sabiduría antigua que a través de los tiempos cabalgaba hacia nuestros días. Por tanto, es comprensible, que tenía que ser mucha la cantidad de literatura que corría en aquellos tiempos bajo el nombre genérico de  “libros de caballería” relacionada con las órdenes y su conocimiento. Pero el contenido, en su mayoría, por no decir todo, unas veces por errores no intencionados y otras por intereses, no debía ser fiable. Con lo que se ve clara la intención manifestada por Cervantes, revelándose ante tales hechos, “deshacer la autoridad y cabida de los libros de caballería”, que cada vez con más relevancia estaban sumiendo a la gente en un mundo de confusión y tinieblas, sin apenas esperanzas de ver con claridad la esplendidez de la creación. Evidente es la frase en la portada de su primera edición: “Espero luces después de las tinieblas”. 

Toda su obra refleja con claros destellos su afición por la teología, a la que llama “Reina de todas las Ciencias” y las preocupaciones de nuestro escritor, por los grandes temas relacionados con el más allá y con nuestra conducta moral y religiosa en esta vida. Por lo que, Don Quijote y Sancho Panza, salen por el mundo, “En busca de aventuras, a enderezar entuertos y deshacer agravios”.   

El tema de la religión en el Quijote se ha tratado mucho y por especialistas. El Quijote no es un libro de espiritualidad religiosa, como la “Divina Comedia” de Dante o el “Paraíso Perdido” de Milton, pero aún así, la religión tiene un protagonismo muy importante en este libro. En 1963 se publicó: La Biblia en el Quijote, de Juan Antonio Monroy. El clero en el Quijote de Juan Moneva, publicado en Madrid en 1905. El Quijote, la Iglesia y la Inquisición de Ludovic Osterc, publicado en Méjico en 1972. Valores religiosos-filosóficos del Quijote, de Pedro Rueda, Valladolid 1959. El Cura según Cervantes, de Luis Miner, Vitoria 1916. Y otros por el estilo. En 1915 apareció en Madrid un libro titulado “Cervantes y el Evangelio o el simbolismo de El Quijote”, De Miguel Cortacero y Velasco. En el texto el autor trata de demostrar que El Quijote no existiría si no tuviéramos los cuatro Evangelios que biografían la vida de Jesús. Dice el autor: “El Quijote tiene en sus páginas, o sea en sus dichos y hechos muchísimas semejanzas tomadas del Evangelio, pues ya se sabe que la semejanza es conformidad de cosas parecidas las unas a las otras”. Más adelante insinúa que pudiera haber puntos de semejanza entre Don Quijote y Jesucristo, la Virgen y Dulcinea y San José y Sancho Panza. Aunque agrega: “Nosotros no hacemos ni podemos hacer semejantes comparaciones”. A parte de estos libros, hay otros en la Biblioteca Nacional de Madrid, que tratan el aspecto religioso en El Quijote.   

En El Quijote tenemos pruebas de que Cervantes no era un gran católico, bien es verdad que no adopta una posición hostil hacia la Iglesia católica, pero tampoco podía hacerlo, pues en su tiempo las llamas de la Inquisición ardían en España en un esfuerzo supremo por vencer a la reforma protestante. En 1972 Ludovic Ostec, publicó en Méjico El Quijote, la Iglesia y la Inquisición, en el que dice: Cervantes, alude varias veces a la inquisición, a lo largo de las páginas de El Quijote, asumiendo una actitud del todo hostil y burlesca.

De una manera muy velada y casi imperceptible, Cervantes se vale de un gracioso incidente para ridiculizar al Tribunal de la Inquisición: Salió en esto de través un ministro, y llegándose a Sancho le echó una ropa de bocací negra encima, toda pintada con llamas de fuego, y quitándole la caperuza le puso en la cabeza una corona, a modo de las que sacan los penitenciados por el Santo Oficio, y díjole al oído que no descosiese los labios, por que le echarían una mordaza o le quitarían la vida. Mirábase Sancho de arriba abajo, veíase ardiendo en llamas; pero como no le quemaban no las estimaba en dos ardites. Quitose la coraza; vióla pintada de diablos; volviósela a poner, diciendo entre sí “Aun bien que ni ellas me abrasan ni ellos me llevan” (Cap. 69. 2ª parte) Cervantes, de una forma velada pero con profunda ironía, pone en ridículo al Tribunal del Santo Oficio, en las palabras finales de Sancho, que es como decir: Ni las llamas de la Inquisición me pueden abrasar, ni los componentes del Tribunal me pueden llevar. Ahora se pude escribir sobre la inquisición lo que se quiera, en aquella época no. 

También arremete contra los Jesuitas, pero sin nombrarlos, en otro pasaje: La duquesa y el duque salieron a la puerta de la sala a recibirle y con ellos un grave eclesiástico, destos que gobiernan las casa de los príncipes, destos que como no nacen príncipes, no aciertan a enseñar como lo han de ser, los que lo son, de estos que quieren que la grandeza de los grandes, se mida con la estrecheza de sus ánimos, destos que queriendo mostrar a los que ellos gobiernan a ser limitados, les hacen ser miserables; destos tales digo, debía de ser el grave religioso, que con los duques, salió a recibir a D. Quijote (Cap. 31. 2ª parte)

Hay dos razones para suponer que este eclesiástico, era Jesuita: Una, le llama RELIGIOSO y no fraile. Los Jesuitas nunca han querido ser llamados frailes, y sí reliosos, considerando el título de “fraile” como algo denigrante. Dos, dice de él, “que gobiernan las casas de los Príncipes”. Los jesuitas siempre han estado en las grandes casas y palacios, ejerciendo lo que ellos llamaban “dirección espiritual”. Y en el día de hoy, puede que también. 

En el capítulo 12 de la 2ª parte de El Quijote, hay una alusión leve, a la máxima autoridad de la Iglesia católica. Aquí Cervantes, aprovecha para ridiculizar a las cabezas coronadas. Y hay una referencia fortuita a los papas, cuando Sancho contesta afirmativamente a la pregunta de Don Quijote acerca de si ha visto alguna pieza teatral, en la que se introducen reyes, emperadores, pontífices, etc. Don Quijote comenta a Sancho: Pues lo mismo acontece en la comedia y trato de este mundo, donde unos hacen los emperadores, otros los pontífices y finalmente todas cuantas figuras se puedan introducir en una comedia. 

En otros pasajes de El Quijote parece abundar la idea de que Cervantes cumplía con sus deberes de católico, por ejemplo cuando se quedó solo en los parajes solitarios de Sierra Morena, haciendo el loco voluntario en penitencia por su señora Dulcinea: Allí, se quitó una gran tira de las faldas de la camisa, que le andaba colgando, y esto le sirvió de rosario el tiempo que allí estuvo, donde rezó un millón de Avemarías. Y lo que le fatigaba mucho era no hallar por allí otro ermitaño que le confesase (Cap. 26. 1ª parte) 

Dice Menéndez y Pelayo: Que Cervantes fue hombre de mucha lectura no podrá negarlo quien haya tenido trato familiar con sus obras. Entre la lectura de tantos y tantos libros sobre los más variados temas, Cervantes no descuidó la meditación atenta del Libro de los libros: La Biblia. 

Los conocimientos bíblicos de Cervantes, se advierten en cuanto nos ponemos en contacto con sus escritos. Rodríguez Marín, entre otros destacados cervantistas, ha puesto de resalto el considerable número de citas, alusiones y huellas de la Biblia que figuran en la producción cervantina. Unas veces se trata de citas explícitas, otras de alusiones veladas; en ocasiones cita a este o aquel personaje bíblico o se refiere a él sin nombrarlo. Todo esto demuestra que Cervantes era  lector asiduo del Viejo y del Nuevo Testamento, y no lector descuidado ni superficial, sino saboreador de las sagradas letras. Las lecciones divinas se hallaban bien encarnadas en su humanidad. Los textos de San Mateo, San Marcos, San Lucas, San Juan y San Pablo acudían a su pluma con relativa facilidad, unas veces de propio intento, otras sin pretenderlo. Los Salmos de David y los Proverbios de Salomón se hallaban tan impresos en su mente, que a cada paso se encuentra uno con huellas y reminiscencias de los mismos, en los escritos cervantinos. Pero no queda ahí su conocimiento de la Biblia. Cervantes no se limitó a curiosear por los jardines de la poesía bíblica ni se contentó con pasear su mirada por los senderos agradables y fácilmente digeribles, en cuanto a literatura, de los dichos del Señor y de las narraciones de sus Apóstoles. Llegó más lejos en su meditación de las Escrituras. Penetró con su escrutadora mirada por los intrincados caminos del Antiguo Testamento y se introdujo por los laberintos de las leyes y prohibiciones mosaicas, penetrándolo todo en su avidez de conocimientos bíblicos. 

En un libro distinto, “Los trabajos de Persiles y Segismunda”, Cervantes alude a uno de los libros menos leído, el Levítico - lo que prueba que le era conocido - En verdad señora (responde Mauricio a Constanza) que si yo no estuviera enseñado en la verdad católica, y me acordara de lo que Dios dice en el Levítico, No seáis agoreros ni deis crédito a los sueños, por que no a todos les es dado el entenderlos. 

Pero donde Cervantes hace verdadera gala de sus conocimientos bíblicos es en el “Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”. En el escrutinio de la biblioteca del caballero manchego, que para la señora condesa de Pardo Bazán  es, entre otras cosas, “una clasificación perfecta de la literatura de ese periodo, que va de la lírica a la épica desde el Amadís a la Araucana”, no figura la Biblia ni tampoco Don Quijote la cita más de cinco o seis veces en el curso de sus andanzas por las páginas sublimes de la ficción, sin embargo tampoco hace falta, porque Don Quijote piensa con la Biblia, forma parte de su propia sustancia, y tanto él como los demás personajes de la novela, entremezclan en sus discursos, frases enteras o simples ideas que proceden de las Escrituras. Y esto es lo grande en este autor. 

Cervantes cuando escribe su libro inmortal, no tiene delante de él la Biblia abierta y va copiando y citando. La Biblia la tiene en la mente, que tiene más valor. Monroy, después de tres lecturas minuciosas de El Quijote, ha encontrado 300 referencias a la Biblia. Cree que otras exploraciones revelaran nuevas influencias bíblicas, y tal vez recurriendo a otros especialistas, se hallarán más referencias. 

Alude en el cap. 10 de la 1ª parte a los Caldeos. Le dice Don Quijote a Sancho: No tenga pena amigo que yo te sacaré de la mano de los caldeos, cuanto más de las de la Santa Hermandad. En varios pasajes del Viejo Testamento son frecuentes las amenazas de Jehová de entregar al pueblo de Israel en manos de los caldeos. Así por ejemplo, en el libro de Jeremías: Yo te entregaré en manos de los que buscan tu vida, en manos de aquellos a quienes temes, en manos de Nabucodonosor, rey de Babel, en manos de los caldeos (Jeremías 22)

También a la Reina de Saba y Salomón (Cap. 21. 1ª parte) Sancho creía que iba a merecer la ínsula, y dice: ¿Y qué será cuando me pongan un ropón ducal a cuestas o me vista de oro o de perlas, a uso de conde extranjero?. Para mí tengo, que me han de venir a verme de cien leguas. (Igual que la Reina de Saba fue de los confines de la tierra a conocer la fama de Salomón)

En el episodio de David y Betsabé (Cap. 27. 1ª parte) Quien pudiera imaginar que Don Fernando, caballero ilustre, discreto, obligado de mis servicios, poderoso para alcanzar lo que el deseo amoroso le pidiese, donde quiera que le ocupase, se había de enconar como suele decirse, en tomarme a mí una sola oveja que aún no poseía. La alusión que aquí se hace a la parábola con que el profeta Natán reconvino a David por el agravio hecho a Urías el heteo, vuelve a repetirse en el capítulo 21 de la 2ª parte. Cuando los partidarios de Camacho y de Basilio desenfundan las espadas para vengarse, los primeros de la ingeniosa estratagema de Basilio y Quiteria, y para defenderla los segundos, Don Quijote, como siempre solía hacer, se pone de parte del amor y de lo que él cree legítimo y, en su esfuerzo por pacificar a los bandos contendientes, defiende la actitud de Basilio con el mismo argumento usado por el profeta Natán. Basilio no tiene más desta oveja, y no se la ha de quitar alguno, por poderoso que sea. 

Cap. 13. 1ª parte. Y a buen seguro que no se halle visto historia donde se halle caballero andante sin amores y por el mismo caso que estuviese sin ellos, no sería tenido por legítimo caballero, sino por bastardo y que entró en la fortaleza de la caballería dicha, no por la puerta, sino por las bardas como salteador y ladrón. (De salteadores y ladrones, trata Jesús a los falsos maestros que se introducen secretamente en su rebaño. Evangelio de Juan, capítulo 10) 

En un solo test, Cervantes, mezcla citas de Job, Salmos, Eclesiastés e Isaías. Dice en el Cap. 22. 2ª parte: Ahora acabo de conocer que todos los contentos desta vida, pasan como sombra y sueño o se marchitan como la flor del campo (Eclesiastés)

Nosotros somos de ayer y no sabemos nada, porque son una sombra nuestros días sobre la tierra (Job 8)

Son como sueño mañanero (Salmo 90)

Una voz dice: Grita. Y yo respondo: ¿Qué he de gritar? Toda carne es como hierba, marchítase la flor, cuando sobre ellas pasan el soplo de Yehovah (Isaías 40) 

Estas son referencias, pero hay citas concretas. Referente al Génesis: Cuando Dios creó a nuestro primer padre en el paraíso terrenal, dice la divina Escritura que infundió sueño en Adán, y estando durmiendo, le sacó una costilla del lado siniestro, de la cual formó a nuestra madre Eva, y así como Adán despertó y la miró, dijo: Esta es carne de mi carne y hueso de mis huesos. Y dijo Dios: Por esta dejará el hombre a su padre y a su madre y serán dos en una carne misma. Y entonces fue instituido el divino sacramento del matrimonio, con tales lazos que solo la muerte puede separarlo (Cap.37. 2ª parte)

Al Salmo 111. Ni la has menester Sancho -dice Don Quijote- pero yo no acabo de entender ni alcanzar, como siendo el principio de la sabiduría el temor de Dios, tú que temes más a un lagarto que a Él, sabes tanto (Cap. 20. 2ª parte)

Otra cita literal, el saludo de Jesús (Cap.37. 1ª parte) Y la salutación que el mejor Maestro de la tierra y del cielo enseñó a sus allegados y favorecidos fue decirle, que cuando entrasen en alguna casa, dijesen: “Paz en esta casa” (Evangelio de Lucas 10 y Juan 14 y 20)

En el capítulo 20. 1ª parte dice: Y déjeme vuestra merced despabilar esta espuma, que lo demás todas son palabras ociosas, de que nos han de pedir cuenta en la otra vida (Mateo 12)

Al gigante Goliat (Prólogo 1ª parte) En lo que toca en poner anotaciones al fin del libro, seguramente lo podéis hacer desta manera: Si nombráis algún gigante en vuestro libro, hacedlo que sea el gigante Goliat, y con solo esto, que os costará casi nada, tenéis una grande anotación, pues podéis poner: El gigante Goliat fue un filisteo a quien el pastor David mató de una gran pedrada en el valle de Terebinto, según se cuenta en el libro de los Reyes, en el capítulo que vos halláredes que se escribe. 

Más de 30 personajes bíblicos aparecen citados en El Quijote. En el capítulo 58. 2ª parte, hace referencia al Apóstol San Pablo. Y a Jesucristo en el capítulo 27. 2ª parte. Todos ellos son tratados con profundo respeto y admiración. Lo mismo ocurre en otras obras de Cervantes, como en “El Rufián Dichoso”, que casi copia uno de los Salmos. Salmos de David benditos, cuyos misterios son tantos, que se sobrexceden a cuantos renglones tenéis escritos; vuestros conceptos me animan, que he advertido veces tantas, a que yo ponga mis plantas, donde el alma no lastime; no en los montes salteando, con mal cristiano decoro, sino en los claustros y el coro, desnudas y yo rezando. 

Cervantes conoce la Biblia, pero, ¿qué opinión le merece la Biblia a Cervantes?, ¿Qué piensa Cervantes de la Biblia?. La llama tres veces Divina Escritura en el prólogo de la primera parte. (Para los ateos, la Biblia no es una Escritura Divina)

1ª. - Pues ¿qué, cuando citan la divina Escritura? No dirán sino que son unos santos Tomases y otros doctores de la Iglesia.

2ª. - Si de la amistad y amor que Dios manda que se tenga al enemigo, entramos luego al punto por la Escritura divina, que lo podéis hacer con tantíco de curiosidad.

3ª. - Y pues esta vuestra escritura no mira más que a deshacer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballería no hay para qué andéis mendigando sentencias de filósofos, consejos de la divina Escritura, fábulas de poetas, oraciones de retóricos, milagros de santos.

En el primer cap. de la 2ª parte menciona que no puede faltar a la verdad: En esto de gigantes, respondió Don Quijote, hay diferentes opiniones, si los ha habido o no en el mundo; pero la Santa Escritura, que no puede faltar un átomo en la verdad, nos muestra que los hubo, contándonos la historia de aquél filisteazo de Goliat, que tenia siete codos y medio de altura que es una desmesurada grandeza.

Continua en esta misma consideración en el capítulo 49. 1ª parte: Y si todavía llevado de su natural inclinación quisiere leer libros de hazañas y de caballerías, lea en la Sacra Escritura el de los Jueces: Que allí hallará verdades grandiosas y hechos tan verdaderos como valientes.

El gran mandamiento de la Biblia, lo cita en el cap. 27 de la 2ª parte. Cuanto más que el tomar venganza injusta, (que justa no puede haber ninguna que lo sea) va derechamente contra la santa ley que profesamos, en la cual se nos manda que hagamos bien a nuestros enemigos, y que amemos a los que nos aborrecen; mandamiento que, aunque parece algo dificultoso de cumplir, no lo es sino para aquellos que tienen menos de Dios que del mundo, y más de carne que de espíritu. No solo cita aquí al gran mandamiento, sino que también hace referencia al testo de San Pablo.

Cervantes sabe muy bien el valor que tiene la Biblia. Conoce su origen y percibe claramente su misión. De ahí que la diferencia de cuantos libros existen, evitando cuidadosamente mezclar “lo humano con lo divino”. En el testo de las letras dice: Este es el fin y paradero de las letras (y no hablo ahora de las Divinas, que tienen por blanco llevar y encaminar las almas al cielo, que a un fin tan sin fin como éste, ninguno otro se le puede igualar) (Cap. 37. 1ª parte) 

Linares de Rivas, llamó al Quijote Biblia literaria y Washington Irvin que conocía muy bien el Quijote, del que era un enamorado, dice: El Quijote es la Biblia en lo profano. Uno le llama Biblia literaria y otro Biblia en lo profano. La comparación entre estos dos libros no cabe. El mismo Cervantes desaprueba y condena este procedimiento. En el prólogo a su primera parte, dice por boca del amigo: Ni tiene para que predicar a ninguno mezclando lo humano con lo divino, que es un género de mezcla de quien no se ha de vestir ningún cristiano entendimiento. Cervantes reprueba esta comparación, y todavía en El Quijote, en el pasaje del discurso sobre las armas y las letras, dice que “al fin y paradero” de las letras divinas no se le puede igualar ningún otro.

Y en “El Licenciado vidriera” critica Cervantes a los titiriteros, precisamente por el poco respeto con que tratan de las cosas divinas: De los titiriteros decía mil males; decía que era gente vagabunda y que trataba con indecencia de las cosas divinas, porque con las figuras que mostraban en sus retablos, volvían la devoción en risa, y que les acontecía envasar en un costal todas o las más figuras del Viejo y Nuevo Testamento, y sentarse sobre él a comer y beber en los bodegones y tabernas. 

En la Biblia encontramos, la belleza poética de los Salmos, siempre lozanos, siempre actuales; la descripción viviente del dolor y de la reconciliación en el libro de Job; las sentencias moralizantes de los Proverbios; el desengaño de la vida y la vanidad de lo terreno en el Eclesiastés; la tierna poesía amorosa en el Cantar de los Cantares, con sus imágenes fuertes, atrevidas; los Evangelios son historias, pero en cada parábola hay poesía, hay una penetración poética en la descripción de los personajes y de los hechos; todo esto y otros importantes pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento hacen de la Biblia un libro poético, de poesía auténtica, sincera y sublime, a la vez que sencilla.

En El Quijote, - dice Astrana Marín - historia y poesía aparecen unidas en lazo indisoluble y estudiarlas separadamente sería tarea imposible. Porque, como decía Klein, el auténtico poeta pinta el fondo y cada una de sus partes de una sola pincelada, pues como Dios creador no concibe primero la idea del mundo en la mente y después le da forma, sino que idea y forma, las funde y desarrolla en uno. Así hace Cervantes con El Quijote. 

Se ha dicho de la Biblia, con sobra de razón, “que es un libro tan profundamente divino, como fuertemente humano”, pues el Jehová del Viejo Testamento, desciende hasta nuestro propio nivel, haciéndose carne y habitando entre nosotros para experimentar la humanidad. San Agustín dijo acertadamente: Para todas las enfermedades del alma, proporciona la Sagrada Escritura un remedio.

Navarro y Ledesma, comentando la derrota de Don Quijote ante el Caballero de la Blanca Luna, escribe: Leamos y releamos esta aventura y no dejaremos de caer en la cuenta en que modernamente se ha caído del profundo simbolismo que encierran todas sus partes, y sobre todo, los tristes, las dolientes, las desmayadas y flacas palabras del desfallecido y derrotado caballero, cuando siente que le llevan enjaulado por la venta a su pueblo. Quien no se siente conmovido al ver derrumbarse el castillo interior, donde nacen y se desarrollan todos los ideales, el ensoñado alcázar de las ilusiones de Don Quijote y quien no se compadece de él y de su pobre caballo, cuya flaqueza tiene algo de humana debilidad. 

Tanto la Biblia como El Quijote, son libros que ejercen influencia Universal. El primero está traducido a unos 2000 idiomas y dialectos, y el segundo, a 58 idiomas, yendo detrás en la lista de libros conocidos, y por tanto, en cabeza de las producciones literarias.

Al comenzar el capítulo sobre Don Quijote en un libro dedicado a Cervantes, Paolo Savj López escribe: Desde hace más de 300 años - cuando él escribió - vive Don Quijote. Erguido sobre la silla de Rocinante, escuálido e inmortal, mira ante sí con ojos profundos, absorto en sus sueños, campeón vencido de la invencible quimera. Mira y no ve más que así mismo, y no encuentra en todos los aspectos del mundo, más que la reverberación ardiente de su vida interior, el fúlgido resplandor de la llama en que arde su espíritu. 

Son pocos los libros que revisten en sus páginas la sinceridad pura que se advierte en la Biblia y en El Quijote.

La sinceridad de la Biblia es un argumento valioso a favor de su inspiración. Los autores humanos que intervinieron por disposición divina en la redacción de las sagradas páginas, jamás ocultaron sus caídas ni sus debilidades, bien que hubieran podido hacerlo.

En El Quijote tampoco se ocultan los palos que sufrió el caballero, ni el manteamiento de Sancho, ni las humillaciones del hidalgo y escudero. El caballero manchego es sincero en todas sus actuaciones: sincero cuando habla y sincero cuando obra; sincero en los momentos de cordura y sincero cuando disparata. 

La Biblia puede parecernos un libro deliciosamente ameno o extremadamente aburrido. Puede resultarnos un libro abierto, sin ninguna clase de secretos, o podemos juzgarlo impenetrable, de difícil comprensión. Un muchachito puede entender perfectamente el mensaje central de la Biblia y el filósofo más profundo luchará en vano por imponerse de su contenido.

Parecidas características se dan en El Quijote. Se han escrito multitud de comentarios e introducciones para guiar al lector por las páginas del libro genial, pero con todo eso El Quijote continua siendo un libro cerrado para determinadas mentalidades. Escritores de todas las épocas, desde la aparición de El Quijote, han incurrido en graves errores de interpretación o han emitido juicios desgraciadísimos porque se han puesto a hacer de críticos sin estar compenetrados del espíritu del libro. Víctor Hugo decía: Que el secreto de este libro es preciso abrirlo con una llave que se pierde con frecuencia. 

Agustín Basave comenta cerrando el último capítulo de su libro sobre la filosofía de El Quijote: Don Quijote amó sin transigir. Amó desinteresadamente la justicia, sin motivos espurios, sin segundas intenciones. La lucha contra la adversidad - parece enseñarnos Cervantes con su Quijote - no es una simple tragedia, sino un privilegio del hombre. Y esta locura esplendente - incunable en los verdaderos héroes - no es infecunda. No es infecunda, porque ellos, o sus continuadores, insertan sobre la vida material, material del orden ideal. 

Cervantes, que tenía por verdadera y por valiosa la existencia de Dios, que creía con una fe que le nacía de lo íntimo del corazón, manifestada en multitud de ocasiones por la calma que inundaba su alma en los momentos de apuro - y fueron muchos en su vida - leyó, comprendió y amó la Biblia. Y este amor no le nació del estudio frío y calculador de los escritos sagrados. Su cariño hacia ellos trascendía más allá de las simples funciones del entendimiento y la voluntad. Supo penetrar en las páginas divinas con profunda sensibilidad espiritual y los sublimes misterios se le descubrieron como tesoros accesibles, enriqueciendo y fortaleciendo su experiencia religiosa y espiritual. Y más tarde, cuando toma la pluma para escribir, este tesoro de conocimientos bíblicos inunda las páginas de su literatura, dejando en ella testimonio elocuentísimo de la veneración, del respeto y del cariño que profesaba a la Sagrada Escritura, la Biblia.

De la cual dijo Donoso Cortés: Cuando los cielos se replieguen sobre sí mismos, la tierra padezca desmayos, el sol recoja su lumbre y se apaguen las estrellas, permanecerá el solo con Dios, porque es su eterna palabra resonando eternamente en las alturas. 

Ver esta obra bajo la luz de la QaBaLaH, es como: “Si un faro luminoso traspasa las tinieblas, y disipando las sombras del aparente sin sentido en El Quijote, deja al descubierto el trascendente tesoro con relevante claridad”. Comprendiendo de esta numinosa forma, que Cervantes llegó más lejos que a una simple meditación de las escrituras. 

Para comprender que es QaBaLaH, se puede decir de forma sencilla, que es una filosofía práctica, que va al cogollo de las cosas, por medio de la cual se trata de explicar los misterios de la vida, los misterios encerrados en el Pentateuco y esas preguntas que todos nos hemos hecho: ¿Quiénes somos?, ¿Qué es la creación? etc.

La grafía que se usa, formada de 22 caracteres, es la que corresponde al alfabeto hebreo, donde cada uno, es portador de un profundo simbolismo, como si se tratara de la cristalización del “Verbo que era en un principio”. 

RUTA CERVANTINA 

Madrid ------ Toledo ------ Ciudad Real 

Alcalá de Henares Casa y pila bautismal de Cervantes

Esquivias. Casa de Cervantes e Iglesia donde se casó.

Consuegra   Molinos

Puerto Lápice.  Venta de El Quijote.

Argamasilla de Alba. Cárcel de Cervantes.

Alcázar de San Juan. Molinos y estatua en la plaza del pueblo.

Campos de Criptana. Molinos.

Toboso. Casa de Dulcinea. (Aldonza Lorenzo) 

                                                             Policarpo Martín Sanz