Necesitamos
misioneros debidamente preparados para el Canadá y Europa.
Hombres
pacientes que sean capaces de soportar las más arduas disciplinas.
Amigos
de la cultura, verdaderos aspirantes a la Ciencia Pura.
Queremos
que nuestros misioneros tengan sentimiento artista, que amen la Ciencia, la
Filosofía y la Mística.
Que
vibren deliciosamente con las columnas corintias de Grecia, la amante de la
belleza.
Que
sientan en su corazón la mística de un Francisco de Asís.
Que
realmente anhelen la sabiduría de Egipto.
Queremos
misioneros en los cuales resplandezca realmente la belleza del Espíritu y la
Fuerza del Amor.
Misioneros
así como sean científicos también lo sean poetas, que puedan investigar el átomo
y detenerse a meditar en el arroyo cantarino que se desliza entre su lecho de
rocas.
Misioneros
que sean capaces de meditar al pie de las ruinas de Atenas o de la Antigua Roma.
Misioneros que sepan admirar el cincel de Praxíteles.
Misioneros
que sepan amar verdaderamente a la humanidad entera.
Misioneros
que vibren con la Lira de Orfeo y que canten con Homero en la tierra deliciosa
de los helenos.
Esa
es la clase de misioneros que anhelamos.
Misioneros
que puedan admirar el titilar de las estrellas.
Misioneros
que estén enamorados de las noches puras.
Misioneros
que tengan una novia adorable, y que esa novia se llame Urania.
Esa
es la clase de Misioneros que deseamos.
Misioneros
que puedan vestirse con la túnica de la santidad.
Misioneros
que quieran poner la alfombra a los pies del Gurú para recibir sus sabios
preceptos.
Misioneros
que anhelen la cristificación de fondo y que de verdad sientan la belleza del
Amor, cual la sentía el Hermano Francisco en su corazón.
Misioneros
así son los que necesitamos.
Fuera
de nosotros la espina que hiere la carne.
Fuera
de nosotros la Ira, la Codicia, la Lujuria, la Envidia, el Orgullo, la Pereza,
la Gula.
Fuera
de nosotros la cizaña de la murmuración y de la calumnia.
Fuera
de nosotros el veneno asqueante de la envidia.
Fuera
de nosotros el monstruo de la lujuria.
Queremos
misioneros que con el paso lento y suave de los grandes eremitas, vayan de
puerta en puerta predicando la Palabra.
Esa
es la clase de misioneros que queremos.
En
modo alguno deseamos nosotros hacer de la Gnosis un negocio, fuera las finanzas
en el Gnosticismo Universal; sólo queremos una sola cosa: AMAR PROFUNDAMENTE A
LA HUMANIDAD.
SAMAEL
AUN WEOR.