¿Retorno o Reencarnación?   

Distintas vidas del Maestro Samael Aun Weor   

CHINA - EGIPTO - ROMA - EUROPA -AUSTRIA - ESPAÑA - INGLATERRA - MÉXICO - COLOMBIA

      
A continuación mostramos unos testimonios de quien recuerda sus vidas pasadas, de manera tan natural como podemos recordar la actual, cualquiera de nosotros,y con la nitided del recuerdo de lo que hemos hecho hace cinco minutos. No pretendemos imponer esta realidad a nadie, más bien entregamos estos testimonios, para contrarrestar ante quien afirma “que solo se vive una vez”.

Solo resta decir a los escépticos e incrédulos, que la única manera de salir de su estado de incredulidad, es aplicando las claves que entrega el Maestro Samael y así comprobar por ellos mismos, que recordar vidas pasadas puede ser tan normal como "la vida misma".
  
(jesusagrario@yahoo.es) 

China Imperial (Chou-Li)

Hace mucho tiempo, muchísimo tiempo me toco vivir en la china, durante la segunda sub.-raza de la gran raza aria. Entonces me llame Chou-Li, e ingrese en la orden del dragón amarillo. Allí aprendí los siete secretos indecibles, conocí las siete joyas del gran dragón; allí nos dedicábamos especialmente a la meditación de fondo. Un hermano chino hacia vibrar un aparato musical maravilloso que daba las 49 notas; la síntesis de aquel extraño aparato era el sonido nirioosnisiano del universo.""Mi amigo Li-Chang se distinguió, por aquella edad, en la ciencia profunda de la meditación. El, Li-Chang, ya no vive sobre la faz de la tierra, mora en un planeta del cristo, en el planeta de un lejano universo de esta galaxia. Allí vive (de instante en instante) dentro del éxtasis, y es feliz. Mas fue que este Li-Chang alcanzo a recibir el Tao. Pero, ¿que es el tao? el Tao es el Ser, el Tao es el INRI, el Tao es el Cristo Íntimo, Li-Chang, pues, recibió el Tao..."

"Yo conocí esos misterios, mis queridos hermanos, los misterios de la orden del dragón amarillo. He recibido orden del Logos para enseñar, a los que vayan surgiendo, a los comprensivos, esa doctrina mediante la cual uno podría desembotellar la esencia (a voluntad) para experimentar la verdad..." 

Egipto 

"Yo estuve reencarnado en la tierra sagrada de los Faraones durante la dinastía del Faraón Kefrén." "Conocí a fondo los antiguos misterios del Egipto secreto y en verdad os digo que jamás he podido olvidarlos." "En estos precisos instantes vienen a mi memoria acontecimientos maravillosos."  

"Una tarde cualquiera, no importa cual, caminando lentamente por las arenas del desierto, bajo los ardientes rayos del sol tropical, atravesé silente como un sonámbulo una calle misteriosa de esfinges milenarias, ante la mirada exótica de una tribu nómada que desde sus tiendas me observaban."

"A la sombra veneranda de una antiquísima pirámide, hube de acercarme un momento para descansar brevemente y arreglar con paciencia las correas de una de mis sandalias."

"Después, diligente, busqué con ansia la augusta entrada; anhelaba retornar al camino recto."

"El guardián como siempre, estaba en el umbral del misterio. Imposible olvidar aquella figura hierática de rostro de bronce y salientes pómulos."

"Ese hombre era un coloso... En su diestra empuñaba con heroísmo la terrible espada, su continente era todo formidable y no hay duda de que usaba con pleno derecho el mandil masónico."

"El interrogatorio fue muy severo: ‘¿Quién eres? -Soy un suplicante que vengo ciego en busca de la luz. ¿Qué deseas? -Luz. (Muy largo sería transcribir aquí dentro del marco de este capítulo, todo el ya consabido examen verbal)."

"Después, en forma que yo califico de violenta, se me despojó de todo objeto metálico y hasta de las sandalias y de la túnica."

"Lo más interesante fue aquel instante en que aquel hombre hercúleo me tomó por la mano para meterme dentro del Santuario; inolvidables fueron aquellos instantes en que la pesada puerta giró sobre sus goznes de acero produciendo ese Do misterioso del viejo Egipto." "Lo que sucedió después, el encuentro macabro con el “hermano terrible”, las pruebas de fuego, aire, agua y tierra, puede ser encontrado por cualquier iluminado en las memorias de la naturaleza."

"En la ‘prueba de fuego’ hube de controlarme a mí mismo lo mejor que pude, cuando atravesé un salón en llamas; el piso aquel estaba lleno de vigas de acero encendidas al rojo vivo: muy estrecho era el paso entre aquellos tirantes de hierro ardiente, apenas si había espacio para poner los pies; por aquellos tiempos muchos aspirantes perecieron en este esfuerzo."

"Todavía recuerdo con horror aquella argolla de acero enclavada en la roca; al fondo sólo se veía tenebroso el horripilante precipicio; sin embargo salí victorioso en la prueba de aire; allí donde otros perecieron, yo triunfé."

"Han pasado muchos siglos y todavía no he podido olvidar a pesar del polvo de tantos años, aquellos cocodrilos sagrados del lago; si no hubiera sido por las conjuraciones mágicas, habría sido devorado por esos reptiles como siempre sucedió a muchos aspirantes."

"Innumerables desdichados fueron triturados y quebrantados por las rocas en la prueba de tierra, más yo triunfé y vi con indiferencia dos moles que amenazaban mi existencia cerrándose sobre mí como para reducirme a polvareda cósmica."

"Ciertamente yo no soy más que un mísero gusano del lodo de la tierra, pero salí victorioso."

"Así en verdad fue como retorné al sendero de la revolución de la conciencia después de haber sufrido mucho."

"Fui recibido en el colegio iniciatico, se me vistió solemnemente con la túnica de lino blanco de los Sacerdotes de Isis y en el pecho se me colocó la cruz Tau egipcia."

"Un sopor de eternidad pesa sobre los antiquísimos misterios de la Esfinge del desierto y las almas del Amenti anhelan una nueva manifestación Neptuaniano-Amentina."

"En estos momentos me viene a la memoria una reencarnación egipcia. Ciertamente yo nací y viví allí durante la Dinastía del Faraón Kefrén."

"Aunque mis palabras, pueden parecer enigmáticas y extrañas, en verdad os digo que mi cuerpo físico no murió y sin embargo fue al sepulcro."

"¿Catalepsia? ¡Sí! ¿De qué tipo? Imposible explicaros eso, pues ahora vosotros no lo entenderíais."

" ¡Ah! pero mi caso ciertamente no fue una excepción; muchos otros Hierofantes pasaron al sepulcro en estado cataléptico."

"Que ese tipo muy especial de momias continúen vivas y sin alimento alguno, pero con todas sus facultades naturales en suspenso, es algo que en modo alguno debe sorprenderos."

"Recordad que los sapos durante el invierno, sepultados entre el lodo, yacen cadavéricos sin alimentos alguno, pero en primavera vuelven a la vida."

"¿Habéis oído hablar sobre hibernación? En París esa rama científica está muy avanzada; un doctor amigo me informó que aquí en México, también se iba a establecer."

"Cualquier organismo humano metido en cámaras de hibernación bajo cero grados, duerme profundamente, parece un cadáver con todas las facultades humanas en suspenso."

"Se nos ha dicho que el primer hombre que sirvió de conejillo de indias para tal experimento permaneció en ese estado durante un siglo entero. Dicen de ese sujeto que aún vive todavía."

"La catalepsia egipcia va mucho más lejos; además está sabiamente combinada con la Magia y la química oculta."

"Es obvio que mi alma se escapó del cuerpo; es incuestionable que ese tipo muy especial de momificación no fue óbice para continuar mi ciclo de reencarnaciones."

"El alma de cualquier Hierofante egipcio tiene cuatro cuerpos. 1.La Momia. 2. El Ka (cuerpo astral). 3.-El Ba (cuerpo mental). 4.-El Ku (cuerpo causal)."

"Yo me alejé de la momia o mejor dijéramos, mi alma se emancipó de aquel cuerpo momificado."

"Mi alma vestida con sus vehículos superiores continuó en el Amenti y después siguió reencarnificándose en distintos lugares del mundo."

"Sin embargo aun existe un hilo simpático magnético que en alguna forma mantiene cierta relación entre mi alma y la momia."

"A veces mi espíritu se mete entre tal cuerpo aparentemente muerto; entonces es obvio que dicho vehículo sale momentáneamente de su estado cataléptico."

"Mi humana personalidad actual no es óbice para esa clase de experimentos; nadie puede estorbar al espíritu."

"El puede sacar la momia de entre la sepultura sumergiéndola dentro de la cuarta dimensión."

"El puede abandonar la cuarta dimensión y entrar en este mundo de tres dimensiones para visitar a alguien."

"El conoce la región de los canales y de las corrientes, el húmedo lugar, la antesala de esta región química en que vivimos."

"El sabe abrir la puerta de Keb que da acceso a la región del aire. El tiene poder para llamar a los seres mágicos con cuyo auxilio puede penetrar en la región de los cinco sentidos para hacerse visible y tangible ante alguien."

"Después de tales experimentos mi Espíritu puede hacer regresar la momia a su sarcófago."

"Después de mi muerte mi alma podría reincorporarse definitivamente en esa momia si Tum así lo quisiera."

"Entonces tal cuerpo saldría del estado cataléptico definitivamente y mi alma vestida con esa carne podría vivir como cualquier persona, viajando de país en país."

"Volvería a comer, beber, vivir bajo la luz del sol; etc., etc. Dicha momia sería sacada definitivamente de entre su sepulcro a través de la cuarta dimensión."

Roma (Julio Cesar) 

"Traspasado de angustia, sin vanagloria alguna, en estado de alerta novedad, conservo con energía el viviente recuerdo de aquella mi reencarnación romana conocida con el nombre de Julio César." "Entonces hube de sacrificarme por la humanidad, estableciendo el escenario para la cuarta sub-raza de esta nuestra quinta raza raíz." “¡Válgame Dios y Santa María! Si algún error muy grave cometí en aquella antigua edad, fue haberme afiliado a la Orden de la Jarretera, empero, es obvio que quisieron los Dioses perdonarme…"  

"Encumbrarse hasta las nubes sobre sus amistades no es en verdad nada fácil y sin embargo es evidente que lo logré sorprendiendo a la aris­tocracia romana."

"Al relatar esto no me siento engreído pues bien se que sólo al Yo le gusta subir, trepar al tope de la escalera, hacerse sentir, etc. Cumplo con el deber de narrar y eso es todo."

"Cuando salí para las Galias rogué a mi bella esposa Calpurnia que al regreso enviase a mi encuentro a nuestros dos hijos."

"Bruto se moría de envidia recordando mi entrada triunfal en la ciu­dad eterna; empero parecía olvidar adrede mis espantosos sufrimientos en los campos de batalla."

"El derecho de gobernar aquel imperio ciertamente no me fue dado de regalado; bien saben los divinos y los humanos lo mucho que sufrí."

"Bien hubiera podido salvarme de la pérfida conjura, si hubiese sa­bido escuchar al viejo astrólogo que visitaba mi mansión." "Desafortunadamente el demonio de los celos torturaba mi cora­zón; aquel anciano era muy amigo de Calpurnia y esto no me gustaba mucho..."

"En la mañana de aquel día trágico, al levantarme del lecho nupcial con la cabeza coronada de laureles, Calpurnia me contó su sueño; había visto en visión de noche una estrella cayendo de los cielos a la Tierra y me advirtió rogándome que no fuera al Senado..."

"Inútiles fueron las súplicas de mi esposa. Hoy iré al Senado, res­pondí en forma imperativa..."

"Acuérdese que hoy una familia amiga nos tiene invitados a una co­mida en las afueras de Roma; usted aceptó la invitación", replicó Calpur­nia..."

"No puedo asistir a esa comida, objeté. ¿Vais entonces a dejar a esa familia aguardando?"

"Tengo que ir al Senado..."

"Horas más tarde en compañía de un auriga marchaba en un carro de guerra rumbo al Capitolio del águila romana..."

"Bien pronto llegué allí entre los vítores tremendos de las enardeci­das multitudes..."

"¡Salve César! me gritaban..."

"Algunos notables de la ciudad me rodearon en el atrio del Capito­lio; respondí preguntas, aclaré algunos puntos, etc."

- "De pronto, en forma inusitada, aparece ante mí el anciano astrólo­go, aquel que antes me había advertido sobre los Tistilos de Marzo y los terribles peligros; me entrega con sigilo un pedazo de pergamino en el cual están anotados los nombres de los conjurados..."

"El pobre viejo quiso salvarme, mas todo fue inútil, no le hice caso; además me encontraba muy ocupado atendiendo a tantos ilustres roma­nos..."

"Después, sintiéndome invencible e invulnerable, con esa actitud ce­sárea que me caracterizaba, avancé rumbo al Senado por entre las colum­nas olímpicas del Capitolio."

"Mas hay de mí, los conjurados tras esas heroicas columnas me ace­chaban; el acerado filo del puñal asesino desgarró mis espaldas..." "Acostumbrado a tantas batallas, instintivamente traté de empuñar mi espada, mas siento que me desmayo; veo a Bruto y exclamo: ¿tu tam­bién, hijo mío?"

"Luego... la terrible Parca se lleva mi Alma..."

"Pobre Bruto... el Yo de la envidia le había devorado las entrañas y el resultado no podía ser otro...”

"Dos reencarnaciones más tuve en la Roma augusta de los Césares y luego muy variadas existencias con magnífico Dharma, en Europa du­rante la Edad Media y el Renacimiento.”

"Durante el gobierno de los últimos Césares de Roma, estando en­carnado allí y teniendo fama de mago, fui llamado por el César para que lo ayudase a deshacerse de un personaje político, su enemigo mortal.

Aceptado el encargo, operé con el elemental del maguey. Acérqueme a la planta, la bendije, caminé en círculo a su alrededor, de derecha a iz­quierda, corté una hoja, la tuve entre mis manos, pronuncié los tres mantrams del Pique: LIBIB, LENONINAS, LENONON, ordené impera­tivamente al elemental del fique trasladarse a donde el enemigo del César, desintegrarle sus pensamientos de odio e infundirle amor hacia el so­berano. El resultado fue sorprendente. A los pocos días reconciliáronse los mortales enemigos."

"Uno a uno con otro, de tantos, entre muchos sobresalen entre las tres inmundas bocas de ese vil gusano que atraviesa el corazón del mun­do, Judas, Bruto y Casio."

"Tornar a las fechorías de Roma y topar con Bruto, señalado con un cuchillo de la mano de Dios, remitirse a esos originales, saborear el caramelo venenoso, ciertamente no es nada agradable, mas es urgente sacar del pozo de los siglos ciertos recuerdos dolorosos." 

Tomas de Kempis (Europa) 

"En esto del trabajo en la Gran Obra, hay que pensar en muchas cosas. Ante todo tenemos que controlar la lengua. En modo alguno debemos dispensarnos de aquello que dice Kout-Houmi, que la murmuración aleja al ocultismo y a los dioses de nosotros... Recordemos aquella frase que en una antigua exis­tencia, puse en uno de mis libros: "no soy mas porque me alaben, ni menos porque me vituperen, porque yo siempre soy lo que soy"... Entonces yo llevaba el nombre de Tomás de Kempis, y escribí la "Imitación de Cristo". Pertenecí a una sociedad esotérica, era un monje, aunque allí, en el Monasterio donde vivía, aquello se ignoraba." "Usualmente, entre los Monasterios de la Edad Media vivían también grandes iniciados, algunos hasta muy simpáticos. Basta recordar al famoso Rabelais, que escribió obras interesantísimas, un poco jocosas. Cualquiera que las lea a la ‘letra muerta’, podría suponer que Rabelais fue un payaso. Uno no puede menos que reírse al leer al Gargantua y Pantagruel, y cada gnóstico, si lee esos libros, puede ver que son chistosos. Sin embargo, cuando uno sabe captar su honda significación, viene a darse cuenta de que Rabelais fue ciertamente un gran Iniciado. El escribió en ese estilo para tratar de salvarse de la hoguera de la Inquisición, y milagrosamente se salvó, milagrosamente."  

"En alguna ocasión, dentro de la Iglesia, ocupó el puesto de la imagen de San Francisco (parecía una estatua allí). Cuando estaba en las filas, él se hacía un poco payaso. Cierta vez lo sacaron, junto con otros monjes, y lo metieron al calabozo varios días, a pan y agua, pero él seguía, porque debía ser siempre humorista, pues, aunque así procedía, ser Alquimista casi le cuesta la hoguera."

"Bueno, en todo caso muchos iniciados, dedicados a la Gran Obra, trabajaron en la Edad Media en forma intensiva, y hasta vivieron metidos dentro de los mismos Monasterios del Catolicismo Romano, identificados, confundidos allí con el clero. Y, concretamente, en silencio y a determinadas horas de la noche, hacían sus reuniones esotéricas. Todo esto es bastante interesante, ¿verdad? 

Austria 

"Me vienen a la memoria en estos instantes escenas de una pasada reencarnación mía en la Edad Media. Vivía en Austria de acuerdo con las costumbres de la época; no puedo negar que era miembro de una ilustre familia de rancia aristocracia. En aquella época mis gentes, mi estirpe, presumían demasiado con aquello de la sangre azul, los difíciles ascendientes y notables abolengos. Hasta pena me da confesarlo pero, y eso es lo grave, yo también estaba metido entre esa botella de prejuicios sociales. ¡Cosas de la época!  

Un día cualquiera, no importa cuál, una hermana mía se enamoró de un hombre muy pobre y, es claro, esto fue el escándalo del siglo; las damas de la nobleza y sus necios caballeretes, pisaverdes, currutacos, lechuginos y gomosos, desollaron vivo al prójimo, hicieron escarnio de la infeliz. Decían de ella que había manchado el honor de la familia, que habría podido casarse mejor, etc.

No tardó en quedar viuda la pobre y como resultado de su amor, es claro, quedó un niño.

¿Y si hubiera querido regresar al seno de la familia? Empero esto no era posible, ella conocía demasiado la lengua viperina de las damas elegantes, sus fastidiosos contrapuntos, sus desaires, y prefirió la vida independiente.

¿Que yo ayudé a la viuda? Sería absurdo negarlo. ¿Que me apiadé de mi sobrino? Eso fue verdad. Desafortunadamente, hay veces en que por no faltar uno a la piedad puede volverse despiadado.

Ese fue mi caso. Compadecido del niño le interné en un colegio (con la excusa de que recibiera una robusta, firme y vigorosa educación) sin importarme un comino los sentimientos de su madre y hasta cometí el error de prohibir a la sufrida mujer visitar a su hijo; pensaba que así mi sobrino no recibiría perjuicios de ninguna especie y podría ser alguien más tarde, llegar a ser un gran señor, etc.

El camino que conduce al abismo está empedrado con buenas intenciones, ¿verdad? Así es. ¡Cuántas veces queriendo uno hacer el bien hace el mal! Mis intenciones eran buenas pero el procedimiento equivocado; sin embargo, yo creía firmemente que estaba haciendo lo correcto. Mi hermana sufría demasiado por la ausencia de su hijo, no podía verle en el colegio, le estaba prohibido.

A todas luces resalta que hubo de mi parte amor para mi sobrino y crueldad para mi hermana; sin embargo, yo creía que ayudando al hijo ayudaba también a su madre.

Afortunadamente dentro de cada uno de nosotros, en esas regiones íntimas donde falta amor, surge como por encanto el policía del karma, el Kaom.

"No es posible huir de los agentes del karma, dentro de cada uno de nosotros está el policía que inevitablemente nos conduce ante los tribunales."

"Desde aquella época han pasado muchos siglos; todos los personajes de aquel drama envejecimos y morimos. Empero, la ley de recurrencia es terrible y todo se repite tal como sucedió agregándole sus consecuencias."

"Siglo XX. Nos hemos reencontrado todos los actores de esta escena. Todo ha sido repetido en cierta forma pero, es claro, con sus consecuencias. Esta vez tuve que ser yo el repudiado por la familia, así es la ley. Mi hermana se encontró de nuevo con su marido; a mí no me pesa haberme vuelto a unir a mi antigua esposa sacerdotisa conocida con el nombre de Litelantes."

"El sobrino aquel tan amado y discutido renació esta vez con cuerpo femenino; es una niña preciosa por cierto, su rostro parece una noche deliciosa y en sus ojos resplandecen las estrellas."

"En un tiempo cualquiera, no importa la fecha, vivíamos cerca del mar, la niña (el antiguo sobrino) no podía jugar, estaba gravemente enferma, tenía una infección intestinal. El caso era muy delicado, varios niños de su edad murieron en aquella época por la misma causa. ¿Por qué habría de ser mi hija una excepción?"

"Los numerosos remedios que se le aplicaron fueron francamente inútiles; en su rostro infantil ya comenzaba a dibujarse con horror ese perfil inconfundible de la muerte."

"A todas luces resaltaba el fracaso, el caso estaba perdido y no me quedaba más remedio que visitar al Dragón de la Ley, a ese Genio terrible del karma cuyo nombre es Anubis."

"Afortunadamente, ¡gracias a Dios!, Litelantes y yo sabemos via­jar consciente y positivamente en cuerpo astral. Así, pues, presentarnos juntos en el palacio del Gran Arconte, en el universo paralelo de la quinta dimensión, no era para nosotros un problema."

"Aquel templo del karma resulta impresionante, majestuoso, grandioso."

"Allí estaba el Jerarca sentado en su trono, imponente, terriblemente divino; cualquiera se espantaría al verle oficiar con esa sagrada máscara de chacal, tal como aparece en muchos bajorrelieves del antiguo Egipcio faraónico."

"Al fin, se me dio la oportunidad de hablarle y es claro que no la dejé pasar tan fácilmente:"

"-Tú tienes una deuda conmigo, -le dije-."

"-¿Cuál?"-me replicó como asombrado-."

"Entonces plenamente satisfecho le presenté a un hombre que en otro tiempo fue perverso demonio; me refiero a Astaroth, el gran duque."

"-Este era un hijo perdido para el Padre -continué diciéndole- y, sin embargo, le salvé, le mostré la senda de la luz, le saqué de la Logia Negra y ahora es discípulo de la Blanca Hermandad; tú no me has pagado esa deuda."

"El caso era que aquella niña debía morir de acuerdo con la Ley y que su alma debía penetrar en el vientre de mi hermana para formarse un nuevo cuerpo físico. Así lo entendía y por ello fue que añadí:"

"-Pido que vaya Astaroth al vientre de mi hermana en vez del al­ma de mi hija."

"La respuesta solemne del Jerarca fue definitiva."

"-Concedido, que vaya Astaroth al vientre de tu hermana y que tu hija sea sana."

"Sobra decir que aquella niña (mi antiguo sobrino) fue sanada milagrosamente y mi hermana concibió entonces a un niño varón."

"Tenía con qué pagar esa deuda, contaba con capital cósmico. La Ley del Karma no es una mecánica ciega, como suponen muchos pseudo-esoteristas y pseudo-ocultistas."

"Como estaban las cosas, resulta evidente y fácil comprender que con la muerte posible de mi hija tendría que sentir el mismo dolor del desprendimiento, aquella amargura que en épocas antiguas sintió mi hermana por la pérdida de su hijo."

"Así, mediante la Gran Ley, quedaría compensado el daño, se repetirían escenas semejantes, pero esta vez la víctima sería yo mismo."

"Afortunadamente el karma es negociable, no es esa mecánica ciega de los astrólogos y quirománticos de feria. Tuve capital cósmico y pagué esa vieja deuda; así, gracias a Dios, me fue posible evitar la amargura que me aguardaba."  

  España.  Marqués Juan Conrado, tercer Gran Señor de la Provincia de Granada

"Con una serie de insólitos relatos quiero explicar ahora lo que es la Ley de Recurrencia."

"Ciertamente la citada ley nunca fue para mí algo nuevo, extraño o extravagante: en nombre de Eso que es lo divinal, debo afirmar en forma especial que esa pragmática regla, sólo la conocí a través de mis inusitadas vivencias."

"Dar fe de todo aquello que realmente hemos experimentado directamente, es un deber para con nuestros semejantes."

"Jamás he querido escabullirme, zafarme intelectualmente, de entre esa múltiple variedad de recuerdos, relacionados con mis tres existencias anteriores y lo que corresponde a mi vida actual."

"Para bien de la Gran Causa por la cual estamos luchando intensamente, prefiero pechar, asumir responsabilidades, pagar, confesar francamente mis errores ante el veredicto solemne de la conciencia pública."

"Fehacientemente y sin ambages es oportuno declarar ahora que yo fui en España el Marqués Juan Conrado, tercer Gran Señor de la Provincia de Granada."

"Es evidente que esa fue la época dorada del famoso Imperio de España: el cruel conquistador Hernán Cortés, alevoso cual ninguno, ha­bía atravesado con su espada el corazón de México mientras el despiadado Pizarro, en el Perú, hacía huir a las cien mil vírgenes."

"Como quiera que muchos nobles y plebeyos, aventureros y perversos en busca de fortuna, se embarcaban constantemente para la Nueva España, yo en modo alguno podía ser una excepción."

"En una simple caravela, frágil y ligera, navegué durante varios meses por entre el borrascoso océano con el propósito de llegar a estas tierras de América."

"No está de más aseverar que jamás tuve la intención de saquear los sagrados templos de los augustos Misterios, ni de conquistar pueblos o destruir ciudadelas."

"Anduve ciertamente por estas tierras de América en busca de fortuna; desafortunadamente cometí algunos errores."

"Estudiarlos es necesario para conocer las paralelas y verificar conscientemente la sabia Ley de Recurrencia."

"Esos eran mis tiempos de Boddhisattwa caído y por cierto que no era una mansa oveja."

"Han pasado los siglos y como quiera que tengo la Conciencia despierta, jamás he podido olvidar tanto desatino."

"La primera paralela que debemos estudiar se corresponde exactamente con mi actual cuerpo físico."

"En habiendo llegado en frágil embarcación de la madre patria, me establecí muy cerca de los acantilados en estas costas del Atlántico." "Por aquellos tiempos de la conquista española, existía desgraciadamente este otro negocio internacional relacionado con la infame venta de negros africanos."

"Entonces para bien o para mal conocía una noble familia de color, originaria de Argelia."

"Todavía recuerdo a una doncellita tan negra y tan hermosa como un sueño milagroso de las Mil y Una Noches."

"Si compartí con ella el lecho de placeres en el jardín de las delicias, fue realmente movido por el incentivo de la curiosidad; quería conocer el resultado de este cruce racial."

"Que de ello naciera un vástago mulato, nada tiene de raro, más tarde vino el nieto, el bisnieto y el tataranieto."

"En aquellos tiempos de Boddhisattwa caído, me olvidé de las famosas marcas astrales que se originan en el coito y que todo desencar­nado lleva en su Karmasaya."

"Resulta palmario y manifiesto que tales marcas le relacionan a uno con aquellas gentes y sangre asociadas con el coito químico; es oportuno decir ahora que los yoguis del Indostán han hecho ya sobre esto detenidos estudios."

"No está de más aseverar que mi actual cuerpo físico deviene de la citada cópula metafísica; con otras palabras diré que así vine a quedar vestido con la carne que llevo en mi presente existencia. Mis antepasados paternos fueron exactamente los descendientes de aquel acto sexual del Marqués."

"Asombra que nuestros descendientes a través del tiempo y la distancia se conviertan en ascendientes. Es maravilloso que después de algunos siglos vengamos a revestirnos con nuestra propia carne, a convertirnos en hijos de nuestros propios hijos."

"Viajes incesantes por estas tierras de la Nueva España caracterizaron la vida del Marqués y éstos se repitieron en mis subsiguientes existencias incluyendo la actual."

"Litelantes como siempre estuvo a mi lado soportando pacientemente todas esas sandeces de mis tiempos de Boddhisattwa caído. En llegando el otoño de la vida en cada reencarnación, confieso sin ambages que siempre hube de marcharme con la enterradora, quiero referirme a una antigua iniciada por la cual siempre abandonaba a mi esposa y que en una y otra existencia cumplió con su deber de darme cristiana sepultura."

"En el atardecer de mi vida presente, volvió a mí esa antigua Iniciada; la reconocí de inmediato, pero como quiera que ya no estoy caído la repudié con dulzura; ella se alejó afligida."

"Revestida con esa personalidad altiva y hasta insolente del Marqués, inicié el retorno a la madre patria después de cierta asqueante bronca motivada por un cargamento de diamantes en bruto extraídos de una mina muy rica."

 "En tiempos del terrible Inquisidor Tomás de Torquemada yo me reencarné en España, y este es otro relato muy interesante..."

"Hablar sobre el citado Inquisidor y el Santo Oficio, ciertamente no resulta muy agradable, empero eso es ahora conveniente..."

"Yo fui entonces un marqués muy célebre, quien por desgracia hubo de ponerse en contacto con aquel execrable Inquisidor tan perverso como aquel otro llamado Juan de Arbuses."

"En aquel tiempo yo reencontré al traidor Bruto reincorporado en un nuevo organismo humano."

" ¡Qué conde tan incisivo, mordaz e irónico!... buena burla hacía de mi persona... ¡Qué insultos..., qué sarcasmos!"

"De ninguna manera quería yo enfrascarme en nuevas disputas, no tenía ganas de enfadarme..."

"La zafiedad, la grosería, la incultura de aquel noble, me desagradaban espantosamente, mas no quería zaherirle, me pareció bueno evitar nuevos duelos y por ello busqué al Inquisidor..."

"Cualquier día de esos tantos, muy de mañana, me dirigí al palacio de la Inquisición, debía buscar solución inteligente a mi consabido problema..."

"¡Oh! señor Marqués, ¡Qué milagro verle a usted por aquí! ¿En qué puedo servirle?"

"Así contestó a mi saludo el monje que estaba siempre a la puerta en el palacio donde funcionaba el Santo Oficio..."

"Muchas gracias Su Reverencia -dije-, vengo a pedirle una audiencia con el señor Inquisidor..."

"Hoy es un día de muchas visitas, señor Marqués, pero en tratándose de usted, voy inmediatamente a gestionar su audiencia."

"Dichas tales palabras desapareció aquel fraile para reaparecer ante mí instantes después..."

"Pasé Ud. señor Marqués, he conseguido para usted la audiencia. -Muchas gracias, Su Reverencia..."

"Atravesé un patio y penetré en un salón el cual estaba en completa oscuridad; pasé a otra sala y la hallé también en tinieblas; penetré por último en la tercera pieza y sobre la mesa resplandecía una lámpara... Allí encontré el temible Inquisidor Torquemada..."

"El cenobita aquél parecía ciertamente un santo... ¡Qué mirada!... ¡Qué actitudes tan beatificas! ¡Qué poses pietistas!... sobre su pecho res­plandecía un crucifijo."

"¡Cuántas santurronerías Dios mío! ¡Qué mojigatería tan horripilante!... Es ostensible que el Yo fariseo estaba bien fuerte en ese monje azul..."

"Después de muchos saludos y reverencias de acuerdo con las costumbres de aquella época, me senté ante la mesa junto al fraile..."

"¿En qué puedo servirle señor Marqués? Hable usted..."

"Muchas gracias Su Señoría..."

"Sucede que el Conde -fulano de tal- me ha hecho la vida imposible, insultándome por envidia, ironizándome, calumniándome, etc."

" ¡Oh! no se preocupe usted por eso, señor Marqués, ya contra ese conde tenemos aquí muchas quejas..."

"Inmediatamente daré órdenes para que le capturen. Lo encerraremos en la torre de martirio; le arrancaremos las uñas de las manos y de los pies y le echaremos en los dedos plomo derretido para torturarle; después quemaremos sus plantas con carbones encendidos y por último lo quemaremos vivo en la hoguera..."

" ¡Pero por Dios! ¿Se habrá vuelto loco ese monje? Jamás pensé ir tan lejos, sólo buscaba en la Casa Inquisitorial una amonestación cristiana para ese conde, en la cual se habían reincorporado aquellos valores que otrora estuvieran metidos en la personalidad de Bruto..."

"Aquel monje azul sentado ante la mesa sacra con ese rostro de penitente y anacoreta en actitud pietista y el Cristo colgado al cuello..."

"Aquella singular figura beatífica tan devota y cruel, tan dulce y bárbara, tan santurrona y perversa..."

"Aquel malvado vestido con piel de oveja, despertó en el interior de mi conciencia un no se qué, sentí que aquello que tengo de Boddhisattwa se sublevaba, protestaba, gemía."

"Una tempestad íntima había estallado en mí mismo, el rayo, el trueno, no demoró en aparecer y entonces..."

" ¡Oh Dios! sucedió lo que tenía que suceder..."

"Es usted un perveso -le dije-, yo no he venido a pedirle que queme vivo a nadie, sólo he venido a solicitarle una amonestación para ese noble, usted es un asesino, por eso es que no pertenezco a su secta, etc., etc., etc."

" ¡Ah! ¿Con que esas tenemos, señor Marqués?..."

"Enfurecido el prelado hizo resonar con vehemencia una sonora campanilla y entonces como por encanto aparecieron en el recinto unos cuantos caballeros armados hasta los dientes..."

"Prended a éste", exclamó el abate. ¡Un momento! respetad las reglas de la caballería, recordad que estamos entre caballeros, no tengo espada, dadme una y me batiré con cada uno de vosotros..."

"Uno de esos varones fiel al código de la caballería me hizo entrega de una espada y luego..."

"Salté sobre él como un león, no en vano tenía yo fama de ser un gran espadachín... (esos eran mis tiempos de boddhisattwa caído)." "Cual vuelan en el aire los copos de nieve congelada al soplo del etéreo Boreas, esparcíanse dentro de aquel recinto inquisitorial los fuertes y resplandecientes cascos, los escudos convexos, las corazas duras y las lanzas de fresno."

"Y ascendía al Urano su esplendor, y ciertamente reía la tierra iluminada por el brillo del bronce y trepidando bajo las plantas de los guerreros y en medio de ellos estaba yo batiéndome en dura brega con ese otro caballero..."

"Cual se destroza la ligera nave cuando el agua del mar inflado por los vientos, que soplan con vehemencia desde las nubes, la acomete, cubriéndola por completo de espuma, en tanto el aire hace gemir la vela, asustando a los marineros con la muerte cercana, así el temor destrozaba en sus pechos el corazón de aquellos caballeros que contemplaban, la batalla..."

"Obviamente yo estaba victorioso entre el estruendoso chocar de los aceros y sólo faltaba usar mi mejor estocada para poner fuera de combate a aquel guerrero..."

"Espantados los señores ante la proximidad inevitable de la terrible Parca soberana, se olvidaron de todas las reglas caballerescas y entonces en pandilla me atacaron..."

"Eso sí no lo aguardaba, fue grave para mí tener que defenderme de toda aquella caterva bien armada..."

"Hube de pelear hasta quedar exhausto, extenuado, vencido, pues ellos eran muchos..."

"Lo que sucedió después es bien fácil adivinarlo, fui quemado vivo en la hoguera en pleno patio del palacio de la Inquisición..."

"Amarrado a un poste despiadado sobre la leña verde que ardía con fuego lento, sentía dolores imposibles de describir con palabras, entonces ví como mis pobres carnes incineradas, se desprendían cayendo entre las llamas..."

"Empero, el dolor humano por muy grave que éste sea, tiene también un límite bien definido, más allá del cual existe felicidad..."

"No es pues de extrañar que al fin experimentara cierta dicha, sentí sobre mí algo muy agradable, como si una lluvia refrescante y bienhechora estuviera cayendo desde el cielo..."

"Se me ocurrió dar un paso. ¡Cuán suave lo sentí! Salí de aquel palacio caminando despacito... despacito... no pesaba nada, estaba ya desencarnado."

"Así fue como vine a morir durante aquella época espantosa de la Santa Inquisición." 

Inglaterra (Simeón Bleer) 

"Para bien de muchos lectores no está de más hacer cierto énfasis al aseverar crudamente que después de un corto intervalo en la región de los muertos, hube de entrar nuevamente en escena reencarnificándome en Inglaterra."

"Ingresé al seno de la ilustre familia Bleler y se me bautizó con el piadoso nombre de Simeón."

"Con el florecer juvenil me trasladé a España movido por el anhelo íntimo de retornar a América. Así trabaja la Ley de Recurrencia." "Obviamente se repitieron en el espacio y en el tiempo las mismas escenas, idénticos dramas, similares despedidas, etc., incluyendo como es natural el viaje a través del borrascoso océano."  

"Intrépido salté a tierra en las costas tropicales de Suramérica, habitadas entonces por diferentes tribus."

"Explorando tales y cuales regiones selváticas habitadas por bestias feroces, llegué al valle profundo de Nueva Granada a los pies de las montañas de Monserrate y Guadalupe: hermoso país gobernado por el Virrey Solís."

"Es incuestionable que por esos tiempos, de hecho comenzaba a pagar el Karma que debía desde los años del Marqués."

"Entre estos criollos de la Nueva España, resultaban inútiles mis esfuerzos por conseguir algún trabajo bien remunerado; desesperado por la mala situación económica ingresé como un simple soldado raso en el ejército del Soberano: por lo menos allí encontré pan, abrigo y refugio." "Sucedió que un día festivo muy de mañana, las tropas de Su Majestad se preparaban para rendir honores muy especiales a su jefe y por ello se distribuían aquí, allá y acullá realizando maniobras con el propósito de organizar filas."

"Todavía recuerdo a cierto sargento mal encarado y pendenciero que revisando a su batallón, daba gritos, maldecía, pegaba, etc."

"De pronto, llegándose ante mí me insultó gravemente porque mis pies no se hallaban en correcta posición militar y después observando detalles minuciosos de mi chaqueta, alevoso me abofeteó."

"Lo que sucedió luego no es muy difícil adivinarlo: nada bueno se puede esperar jamás de un Boddhisattwa caído. Sin reflexión alguna, torpemente, clavé mi acerada bayoneta sanguinaria en su aguerrido pecho."

"El hombre cayó en tierra herido de muerte, gritos de pavor por doquiera se escuchaban, mas yo fui astuto y aprovechando precisamente la confusión, el desorden y el espanto, escapé de aquel lugar perseguido muy de cerca por la soldadesca bien armada."

"Anduve por muchos caminos rumbo a las escarpadas costas del océano Atlántico, se me buscaba por doquier y por ello evitaba siempre el paso por las alcabalas dando muchos rodeos a través de las selvas."

"En los caminos carreteables -que bien pocos eran en aquellos tiempos-, pasaban a mi lado algunos carruajes arrastrados por parejas de briosos corceles: en tales vehículos viajaban gentes que no tenían mi Karma, personas adineradas."

"Un día cualquiera a la vera del camino, cerca a una aldea, hallé una tienda humilde y en ella penetré con el ánimo de beberme una copa, quería animarme un poco."

" ¡Atónito! ¡confundido! ¡asombrado! quedé al descubrir que la dueña de ese negocio era Litelantes. ¡Oh! yo la había amado tanto y ahora la encontraba casada y madre de varios hijos. ¿Qué reclamo podía hacer? Pagué la cuenta y salí de allí con el corazón desgarrado..."

"Continuaba la marcha por el sendero, cuando con cierto temor puede verificar que alguien venía tras de mí: el hijo de la señora, una especie de alcalde rural. Tomó la palabra aquel joven para decirme: "De acuerdo con el artículo 16 del Código del Virrey está usted detenido". Inútilmente traté de sobornarle: aquel caballero bien armado me condujo ante los tribunales y es obvio que después de ser sentenciado hube de pagar muy larga prisión por la muerte del sargento."

"Cuando salí en libertad caminé por las riveras salvajes y terribles del caudaloso río Magdalena, ejerciendo muy duros trabajos materiales doquiera tuviese la oportunidad."

"Como nota interesante del presente capítulo, debo decir que la Esencia de ese alcalde por el cual hube de pasar tantas amarguras encerrado en una inmunda mazmorra, retornó con cuerpo femenino; es ahora una hija mía; por cierto que ya hasta madre de familia es, me ha dado algunos nietos."

"Antes de su reingreso interrogué en los mundos suprasensibles a esa Alma; le pregunté sobre el motivo que le inducía a buscarme por padre, me respondió diciendo que tenía remordimiento por el mal que me había causado y que quería portarse bien conmigo para enmendar sus errores. Confieso que está cumpliendo su palabra."

"En aquella época me establecí en las costas del océano Atlántico después de infinitas amarguras kármicas, repitiendo así todos los pasos del insolente Marqués Juan Conrado... Lo mejor, que hice fue haber estudiado el esoterismo, la medicina natural, la botánica..."

"Los nobles aborígenes de aquellas tierras tropicales, me brindaron su amor agradecidos por mi labor de galeno: les curaba siempre en forma desinteresada..."

"Algo insólito sucede cierto día: se trata de la espectacular aparición de un gran señor venido de España. Ese caballero me narró sus infortunios. Traía en su nave toda su fortuna y los piratas le seguían. Quería un lugar seguro para sus ricos caudales."

"Fraternalmente le brindé consuelo y hasta le propuse abrir una cueva y guardar en ella sus riquezas: el señor aceptó mis consejos no sin antes exigirme solemne juramento de honradez y lealtad."

"Con la fragancia de la sinceridad y el perfume de la cortesía entrambos nos entendimos. Después di órdenes a mi gente, un grupo muy selecto de aborígenes. Estos últimos entreabrieron la corteza de la tierra."

"Hecho el hueco metimos allí con gran diligencia un baúl grande y una caja más chica, conteniendo morrocotas de oro macizo y ricas joyas de incalculable valor."

"Mediante ciertos exorcismos mágicos logré el encantamiento de la joyosa guardada, como dijera Don Mario Roso de Luna, con el propósito de hacerla invisible ante los desagradables ojos de la codicia."

"El caballero me remuneró muy bien haciéndome generosa entrega de una bolsa con monedas de oro y luego se alejó de esos lugares haciéndose a sí mismo el propósito de volver a su madre patria para traer de allí a su familia, pues deseaba establecerse señorialmente en estas bellas tierras de la Nueva España."

"El reloj de arena del destino jamás está quieto; pasaron los días, los meses y los años y aquel buen hombre jamás regresó, tal vez murió en su tierra o cayó víctima de la piratería que entonces infestaba los siete mares, no lo sé."

"Existen casos sensacionales en la vida; cierto día en mi presente reencarnación, estando lejos de esta mi tierra mexicana, platicaba sobre dicho asunto con cierto grupo de hermanos gnósticos entre los cuales descollaba por su sabiduría el Maestro Gargha Kuichines. Fue entonces cuando recibí una tremenda sorpresa: vi con místico asombro como el Soberano Comendador G.K. se levantaba para confirmar en forma enfá­tica mis palabras."

"El citado Maestro nos informó que él personalmente había visto escrito tal relato en dorados versos. Nos habló de un viejo libro polvoriento y lamentó haberlo prestado. ¡Válgame Dios y Santa María!, pero si yo jamás sabía de tal tratado."

"Viejas tradiciones antiquísimas nos dicen que muchas gentes de esas costas del Caribe estuvieron buscando el tesoro de Bleler."

"Curioso es que aquellos nobles aborígenes que antes enterraran tan rica fortuna, estén nuevamente reincorporados formando el grupo del Sumun Supremum Sanctuarium. Así trabaja la Ley de Recurrencia."

"Recuerdo claramente que después de aquella mi borrascosa existencia con la sobredicha personalidad inglesa, fui constantemente invo­cado por esas personas que se dedican al espiritismo o espiritualismo. Querían que les dijese cuál era el lugar donde se encontraba guardado el delicioso dorado, codiciaban el tesoro de Bleler; empero, es evidente, que fiel a mi juramento en la región de los muertos, jamás quise entregarles el secreto." 

México (Daniel Coronado) 

"Repitiendo los pasos del insolente Marqués Juan Conrado, en mi subsiguiente existencia vine a reencamificarme en México, se me bauti­zó con el nombre de Daniel Coronado, nací en el norte, por los alrededores de Hermosillo, lugares todos estos conocidos en otros tiempos por el Marqués. Mis padres quisieron todo el bien para mí y de joven me inscribieron en la Academia Militar, mas todo fue en vano."

"Cualquier día de esos tantos, aproveché malamente un fin de semana en banqueteos y borracheras con amigos calaveras. Confieso todavía con cierta vergüenza, que hube de regresar a casa con el uniforme de cadete sucio, desgarrado y envilecido... Es obvio que mis padres se sintieron defraudados."

"Es ostensible que no volví jamás a la Academia Militar; indudablemente desde ese momento comenzó mi camino de amarguras..."

"Afortunadamente reencontré entonces a Litelantes, ella se hallaba reencarnificada con el nombre de Ligia Paca (o Francisca). A buena hora me recibió por esposo..."

"Biografiar cualquier vida resulta de hecho un trabajo muy difícil y de enjundioso contenido y por ello sólo hago resaltar con fines esoté­ricos determinados detalles."

"Incuestionablemente yo no gozaba de holgada situación, difícilmente me ganaba el pan nuestro de cada día; muchas veces comía con el mísero salario de Ligia; ella era una pobre maestra de escuela rural y para colmos hasta le atormentaba con mis execrables celos. No quería ver con buenos ojos a todos esos sus colegas del magisterio que le brindaban amistad..."

"Sin embargo, algo útil hice por aquellos tiempos formé un bello grupo esotérico gnóstico en pleno Distrito Federal. Los estudiantes de tal congregación en mi actual existencia de acuerdo con la Ley de Recurrencia retornaron a mí..."

"Durante el cruento régimen porfirista tuve un cargo por cierto no muy agradable en la Policía Rural. Cometí el error imperdonable de enjuiciar al famoso "Golondrino", peligroso bandolero que asolaba a la comarca; es claro que tal maleante murió fusilado..."

"En mi actual existencia le reencontré reincorporado en humano cuerpo femenino; sufría delirio de persecución, temía que le encarcelasen por hurto; luchaba por desatarse de ciertos lazos imaginarios; creía que ya le iban a fusilar... es claro que cancelé mi deuda curando a dicha enferma; los psiquiatras habían fallado lamentablemente, ellos no fueron capaces de sanarla..."

"Al estallar la rebelión contra Don Porfirio Díaz, abandoné el nefasto puesto en la Rural. Entonces con humildes proletarios de pico y pala, pobres peones sonsacados de las haciendas de los amos, organicé un batallón. Era ciertamente admirable este valeroso puñado de gente humilde armada apenas con machetes, pues nadie tenía dinero como para comprar armas de fuego. Afortunadamente el General Francisco Villa nos recibió en la División del Norte; allí se nos dieron caballos y fusiles."

"No hay duda de que por esos años de tiranía luchamos por una gran causa; el pueblo mexicano gemía bajo las botas de la dictadura..." "En nombre de la verdad debo decir que mi personalidad como Daniel Coronado fue ciertamente un fracaso: lo único por lo cual valió la pena vivir fue por el grupo esotérico en el Distrito Federal y por mi sacrificio en la revolución..."

"A mis compañeros de la rebelión les digo: abandoné las filas cuando enfermé gravemente. En los postreros días de esa vida tormentosa, anduve por las calles del Distrito Federal, descalzo, con las ropas vueltas pedazos, hambriento, viejo, enfermo y mendigando,.."

"Con profundo pesar confieso francamente que vine a morir en una casucha inmunda."

"Todavía recuerdo aquel instante en que el galeno sentado en una silla, después de haberme examinado, exclama moviendo la cabeza. 'Este caso está perdido'. Y luego se retiró."

"Lo que de inmediato continúa es tremendo: siento un frío espantoso como hielo de muerte. A mis oídos llegan gritos de desesperación. ¡San Pedro, San Pablo, ayudadlo! Así exclama esa mujer a la cual llamo la enterradora."

"Extrañas manos esqueléticas me agarran por la cintura y me sacan fuera del cuerpo físico. Es obvio que el Ángel de la Muerte ha intervenido. Resueltamente corta con su hoz el cordón de plata y luego me bendice y se aleja."

" ¡Bendita muerte, cuánto tiempo hacía que te aguardaba, al fin llegasteis en mi auxilio, bastante amarga era mi existencia!"

"Dichoso reposé en los mundos superiores después de innumeras amarguras: ciertamente el humano dolor de los mortales tiene también su límite más allá del cual reina la paz." 

Colombia (Víctor M. Gómez R. 1917-1977) “Samael Aun Weor” 

"Desafortunadamente no duró mucho aquel reposo entre el seno profundo de la eternidad: un día cualquiera, muy quedito, vino a mí uno de los brillantes Señores de la Ley. Tomó la palabra y dijo. "Maestro Samael Aun Weor, ya todo está listo, sígame." "Yo respondí de inmediato, sí Venerable Maestro, está bien, le seguiré. Anduvimos entonces juntos por diversos lugares y penetramos al fin en una casa señorial, atravesamos un patio y después pasamos por una sala y luego entramos en la recámara de la matrona: oímos que se quejaba, sufría dolores de parto..."  

"Ese fue el instante místico en que vi con asombro el cordón de plata de mi existencia actual conectado psíquicamente al infante que estaba por nacer."

"Momentos después aquella criatura inhalaba con avidez el prana de la vida: me sentí atraído hacia el interior de ese pequeño organismo y luego lloré con todas las fuerzas de mi alma..."

"Vi a mi alrededor algunas personas que sonreían y confieso que especialmente me llamó la atención un gigante que me miraba con cariño; era mi progenitor terrenal."

"No está de más decir con cierto énfasis, que aquel buen autor de mis días fuera en la época medieval durante los tiempos de la caballería, un noble señor al cual hube de vencer en cruentas batallas. Juró entonces venganza y es claro que la cumplió en mi presente existencia." "Muy joven abandoné la casa paterna movido por dolorosas circunstancias y viajé por todos aquellos lugares donde antes estuviera en pretéritas existencias."

"Se repitieron los mismos dramas, las mismas escenas. Litelantes apareció nuevamente en mi camino, me reencontré con mis viejos amigos; quise hablarles, pero no me conocieron; inútiles fueron mis esfuerzos por hacerles recordar nuestros tiempos idos."

"Sin embargo, algo nuevo sucedió en mi presente reencarnación: mi Real Ser interior hizo esfuerzos desesperados, terribles, por traerme al camino recto del cual me había desviado desde hacía mucho tiempo."

"Confieso francamente que disolví el Ego y que me levanté del lodo de la tierra."

"Es obvio que el Yo está sometido a la Ley de Recurrencia, cuando el Mí Mismo se disuelve adquirimos Libertad, nos independizamos de la citada Ley."

"La práctica me ha enseñado que las diferentes escenas de las diversas existencias se procesan dentro de la espiral cósmica, repitiéndose siempre ya en espiras más altas o más bajas."

"Todos los hechos del Marqués, incluyendo sus innúmeros viajes, se repitieron siempre en espiras cada vez más bajas en las tres reencarnaciones subsiguientes."

"Existen en el mundo personas de repetición automática, exacta, gentes que renacen siempre en el mismo pueblo y entre su misma familia."

"Es evidente que tales Egos ya se saben de memoria su papel y hasta se dan el lujo de profetizar sobre sí mismos: es claro que la constante repetición no les deja olvidar sucesos, por ello parecen adivinos."

"Dichas personas suelen asombrar a sus familiares por la exactitud de sus pronósticos." 

(Infancia de Víctor Manuel Gómez R.) (Samael Aun Weor)

No está demás aseverar solemnemente que nací con enormes inquietudes espirituales; negarlo sería un absurdo...

Aunque a muchos les parezca algo insólito e increíble, el hecho concreto de que haya alguien en el mundo que pueda recordar en forma íntegra la totalidad de su existencia, incluyendo hasta su propio suceso del nacimiento, quiero aseverar que yo soy uno de esos.

Después de todos los consabidos procesos natales, muy limpio y hermosamente vestido, deliciosamente fui colocado en el lecho materno junto a mi madre...

Cierto gigante muy amable, acercándose a aquel sagrado lecho, sonriendo dulcemente me contemplaba, era mi padre.

Huelga decir claramente y sin ambages, que en el amanecer de cualquier existencia andamos originalmente en cuatro patas, luego en dos y por último en tres. Obviamente la postrera es el bastón de los ancianos.

Mi caso en modo alguno podía ser una excepción a la regla general. Cuando tuve once meses quise caminar y es evidente que lo logré, sosteniéndome firmemente sobre mis dos pies.

Todavía recuerdo plenamente aquel instante maravilloso en que, entrelazando mis manos sobre la cabeza, hiciera solemnemente el signo masónico de socorro: "ELAI B" NE AL' MANAH".

Y como quiera que todavía no he perdido la capacidad de asombro, debo decir que lo que sucedió entonces me pareció maravilloso. Caminar por vez primera con el cuerpo que a uno le ha dado la Madre Natura, es fuera de toda duda un prodigio extraordinario.

Muy serenamente me dirigí hasta el viejo ventanal desde el cual podía verse claramente el abigarrado conjunto de personas que aquí, allá, o acullá, aparecían o desaparecían en la calleja pintoresca de mi pueblo.

Agarrarme a los barrotes de tan vetusta ventana, fue para mi  la primera aventura; afortunadamente mi padre -hombre muy prudente - conjurando con mucha anticipación cualquier peligro, había colocado una malla de alambre en la balaustrada, a fin de que yo no fuese a caer en la calle.

¡Ventana muy antigua de un alto piso! ¡Cuánto la recuerdo! Vieja casona centenaria donde diera mis primeros pasos...

Ciertamente en esa deliciosa edad, amaba los encantadores juguetes con que los niños se divierten, más esto en modo alguno interfería mis prácticas de meditación.

Por esos primeros años de la vida en que uno aprende a caminar, acostumbraba sentarme al estilo oriental para meditar...

Entonces estudiaba en forma retrospectiva mis pasadas reencarnaciones y es ostensible que me visitaban muchas gentes de los antiguos tiempos.

Cuando concluía el éxtasis inefable y retornaba al estado normal común y corriente, contemplaba con dolor los muros vetustos de aquella centenaria casa paternal, donde yo parecía, a pesar de mi edad, un extraño cenobita...

¡Cuán pequeño me sentía ante esos toscos murallones! lloraba... ¡Sí! como lloran los niños...

Me lamentaba diciendo: ¡Otra vez en un nuevo cuerpo físico! ¡Cuán dolorosa es la vida! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!...

En esos precisos instantes acudían siempre mi buena madre con el propósito de auxiliarme, a tiempo que exclamaba: "El niño tiene hambre, tiene sed," etc., etc., etc.

Jamás he podido olvidar aquellos instantes en que alegre corría por los solariegos corredores de mi casa...

Entonces me acaecían insólitos casos de Metafísica trascendente: Me llamaba mi padre desde el umbral de su recámara; yo le veía en ropas de dormir y cuando intentaba acercarme a él, se esfumaba perdiéndose en la dimensión desconocida...

Empero, confieso sinceramente que este tipo de fenómenos psíquicos me eran muy familiares. Entraba sencillamente en su alcoba y al verificar en forma directa que su cuerpo físico yacía dormido entre el perfumado lecho de caoba, me decía a mi mismo lo siguiente: ¡Ah! lo que sucede es que el alma de mi padre está afuera porque su cuerpo carnal en estos momentos está durmiendo.

Por aquellos tiempos comenzaba el cine mudo y muchas gentes se reunían en la plaza pública durante la noche, para distraerse observando películas al aire libre en la rudimentaria pantalla: una sábana bien templada, clavada en dos palos debidamente distanciados...

Yo tenía en casa un cine muy diferente: me encerraba en una recámara obscura y fijaba la mirada en la barda o pared. A los pocos instantes de espontánea y pura concentración, se iluminaba espléndidamente el muro cual si fuese una pantalla multidimensional, desapareciendo definitivamente las bardas; surgían luego de entre el infinito espacio, paisajes vivientes de la gran naturaleza, gnomos juguetones, silfos aéreos, salamandras del fuego, ondinas de las aguas, nereidas del inmenso mar, criaturas dichosas que conmigo jugueteaban, seres infinitamente felices.

Mi cine no era mudo, ni en él se necesitaba a Rodolfo Valentino, o a la famosa Gatita Blanca de los Tiempos idos.

Mi cine era también sonoro y todas las criaturas que en mi pantalla especial aparecían, cantaban o parlaban en el orto purísimo de la divina lengua primigenia, que como un río de oro corre bajo la selva espesa del sol.

Más tarde, al multiplicarse la familia, invitaba a mis inocentes hermanitos y ellos compartían conmigo esta dicha incomparable mirando serenamente las figuras astrales en la extraordinaria barda de mi oscura recámara...

Fui siempre un adorador del Sol y tanto al amanecer como al anochecer subía sobre la techumbre de mi morada (porque entonces no se usaban las azoteas) y sentado al estilo oriental como un yoguín infantil, sobre las tejas de barro cocido, contemplaba al astro rey en estado de éxtasis, sumiéndome así en profunda meditación: buenos sustos se llevaba mi noble madre viéndome caminar sobre la morada...

Siempre que mi anciano padre abría la vieja puerta del guardarropa, sentía como si me fuese a entregar aquella singular chaqueta o casaca de color púrpura en la que lucían dorados botones...

Vieja prenda del vestir caballeresco que usara con elegancia en aquella mi antigua reencarnación en que me llamara Simeón Bleler; a veces se me ocurría que entre ese armario viejo pudieran también estar guardados espadas y floretes de los antiguos tiempos.

 No se si mi padre me comprendiera; pensaba tal vez que pudiera entregarme objetos de esa antepasada existencia; el anciano me miraba y en vez de tales prendas me entregaba una carreta para que con ella jugara; juguete de dichas inocentes en mi infancia...